viernes, mayo 22, 2009

CRÓNICA CANNES 6

La mejor película de Haneke

El profesor de Filosofía Michael Haneke regresa a Cannes con otra película y ganas de ganar Palma. Isabelle Huppert presidenta del jurado podría ser un aliado que le pusiera las cosas difíciles a Pedro Almodóvar (el gran rival de Haneke a priori) pero al final estas alianzas apriorísticas no son tan obvias tal y como nos recuerda la historia. Después de rehacer Funny Games en EE.UU. nadie sabe muy bien para qué, pues como operación comercial fue prácticamente abortada por sus productores y como experiencia conceptual se le había ocurrido primero a Gus van Sant con su Psicosis, necesitaba Haneke un cura de pureza. Para ello nada mejor que emprender la redacción de un libreto complejo, muy literario y musculoso, incluso de autoritaria superioridad. Algo en la línea de Otra vuelta de tuerca de Henry James y Effi Briest de Theodor Fontaine sobre la inocencia de los niños y las relaciones entre los matrimonios en la Alemania rural de principios de siglo. Una vez que redactó el manuscrito, y para cerciorarse de la supremacía artística del mamotreto nada mejor que contratar de consultor a Jean-Claude Carriére (a estas alturas la quintaesencia del academicismo en el cine europeo, basta con consultar su obra en las últimas décadas).

El resultado de esa catarsis alba se llama La banda blanca (“banda” por “lazo”). Esa banda se la ponen los padres de la aldea en el brazo a los niños descarriados en los que detectan alguna sombra maléfica. La banda blanca es el recordatorio de la inocencia que se les supone y de la que no deben apearse. Entonces comienzan a suceder en la aldea extraños acontecimientos malignos y los niños parecen extrañamente implicados o quizá sean solo víctimas. Haneke llena sus planos de la aldea de un bellísimo blanco y negro verdaderamente aireado. Para ser exactos el color del film es predominantemente blanco, de un radiante y hermoso como no se veía desde la fotografía de Sven Nykvist en el cine de Bergman, o de Jürgen Jürges en la propia Fontane Effi Briest de Fassbinder, a la que tanto se parece esta Das Weisse Band. En Cannes los blancos de los cielos de Haneke son tan níveos como azabache son los negros de Pedro Costa en Ne change rien. La operación le queda a Haneke transparente de intenciones auto redentoras, y es que quizá aspira a una cierta santidad después de crear una filmografía fundamentada en meter el dedo en el ojo del espectador burgués. Aquí nadie quedamos ciegos, ni siquera bizcos por eso se trata de la mejor película de Michael Haneke de lejos, aunque esto para nosotros no signifique mucho.

Ni siquiera Inglorious Basterds, de Quentin Tarantino, el primer film que se atreve a disparar contra la Historia para matarla (y quizá por esa razón el más importante del festival aunque no el mejor, lo explicaremos en otra crónica), nos extirpa de la memoria la sensación de euforia y placentero estado amniótico que uno experimenta en el interior de la nueva comedia de Alain Resnais, la impresionante y super formalista Les herbes folles (Las hierbas salvajes), descomunal obra maestra, la mejor suya desde Je t’aime Je t’aime. En realidad ninguna película previa del autor de Hiroshima mon amour, El año pasado en Marienbad o Noche y niebla hacía presagiar semejante derroche de ideas y de inventiva visual y literaria, tanta gracia. Por un lado a Sabine Azema (dentista y piloto aficionado) le roban el bolso a la salida de una zapatería. Poco después Andre Dussolier encuentra la cartera en su garaje y al ver la foto de la sonriente Sabine en la licencia de pilotaje decide probar a telefonearla al borde del flechazo. El trabajo con la cámara más inverosímil, la luz, el colorido, los decorados, y la música configuran un sujeto expresivo al servicio de los personajes y de una alegría que se quiere contagiar, todo parece un ballet. Jamás se vio mejor embajador del humor francés que Alain Resnais transmuta en arquitecturas fuertes.

ÁLVARO ARROBA

(Originalmente publicado en Crítica de la Argentina)

1 comentario:

Souleyman Cissé dijo...

Alvaro:
Te veo excesivamente indulgente con esa película tan académica de Haneke que ha ganado la Palma de Oro.Creo que es de lo peor que nos puede dar el cine europeo. Intenta buscar una coartada literaria inventándose un relato novelesco. Cada escena está envuelta de una gravedad insoportable. Con cada plano quiere demostrar que es muy culto, que está haciendo la gran trampa del año para la clase intelectual. Realmente me parece una película escndalosa. Además, quiere demostrarnos que en un pueblo austriaco o alemán -no queda claro- los niños que lo habitaban eran los futuros nazis porque jugaban con el mal. En los pueblos de Castilla a principios de siglo, los niños también practicaban el mal, los viejos hacendados también se colgaban y los escandalos sexuales de naturaleza pederastra también existan aunque se ocultaban. Hablar de estas cosas no es hablar del preludio del nazismo como pretende Haneke.