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jueves, junio 18, 2026

 Cine y series

Volver a Gilead: juventud y disidencia en la serie «Los testamentos»

Hicieron falta treinta y cuatro años para que Margaret Atwood publicara la esperada continuación de «El cuento de la criada» (1985). Una novela que no solo es un clásico de la literatura distópica y del feminismo, sino que se convirtió en un verdadero fenómeno social gracias a su exitosa adaptación en serie. Se secuela se tituló «Los testamentos» (Salamandra, 2019), un libro con ciertos tintes de «thriller» que transcurre quince años después de los hechos de la novela original y donde se continúa narrando la oscura historia de la República puritana de Gilead. Contada a partir del testimonio de tres mujeres, entre ellas la malvada tía Lydia, la novela se centra en los intentos del grupo de la resistencia Mayday para acabar de una vez por todas con la misógina República. Una obra que también ha sido adaptada como serie para Disney+ y donde al fin se responden a muchas de las preguntas que quedaron abiertas en «El cuento de la criada».

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Fotograma de la serie Los Testamentos (Bruce Miller, 2026). En la imagen, desde la izquierda: Lucy Halliday como Daisy, Ann Dowd (de espaldas) como la tía Lidia y Chase Infiniti como Agnes. Crédito: cortesía de Hulu.

Fotograma de la serie Los testamentos (Bruce Miller, 2026). En la imagen, desde la izquierda: Lucy Halliday como Daisy, Ann Dowd (de espaldas) como la tía Lydia y Chase Infiniti como Agnes. Crédito: cortesía de Hulu.

Quizá fue fruto de la casualidad, pero resulta llamativo que el año en el que Margaret Atwood comenzó a escribir El cuento de la criada fuese precisamente 1984, el mismo año que sirvió como título a la distopía más famosa de la literatura, escrita por George Orwell. Las similitudes con la novela de Atwood son además evidentes, ya que en el libro de Orwell la sociedad estaba controlada por el Gran Hermano, el gran ojo, quien vigilaba y controlaba a cada ciudadano, no existía libertad individual, y el país vivía en un estado de guerra eterna, lo que permitía tener sometida a la población gracias al miedo. En el caso de Gilead, la distopía afecta principalmente a las mujeres y sus cuerpos, una especie de biopolítica de estado. Pero aparte de la fecha, hay que tener otro detalle en cuenta: el lugar donde escribió Atwood su libro: Berlín, ciudad que en ese momento estaba dividida en dos partes, la occidental, donde ella residía, y la oriental, controlada por la República Federal de Alemania (RFA), país bajo la esfera de la Unión Soviética. Un muro infranqueable que dividía ambos mundos no solo física sino ideológicamente, de la misma forma que en El cuento de la criada Canadá y el Estado teocrático de Gilead están separados por fronteras que no está permitido cruzar.


A la escritora nacida en Ottawa, Canadá, le encantaba ya desde joven la literatura de ficción especulativa -utopías y distopías-, pero cuando tuvo la idea de El cuento de la criada, no quiso tan solo inventar otro posible mundo dominado por fuerzas totalitarias que subyugaran a la mujer, sino que se puso una norma que resulta clave en la novela y que provoca que sea tan perturbadora: incluir solo sucesos que hubieran ocurrido en algún momento de la historia. Que no hubiera ningún horror, ninguna técnica represiva, violación, pérdida de derechos, etcétera, que no se hubiera puesto antes en práctica, de forma que nada de lo que sucediera pudiera resultar inverosímil. 


La novela, cuya acción transcurre tras un golpe militar que ha provocado que una parte de Estados Unidos se haya convertido en un estado independiente y teocrático en el que se han suprimido por completo las libertades de las mujeres, cuya única función será la procreación, se inspiró en el puritanismo del siglo XVII en Estados Unidos, pero también en el nazismo, que ideó su propia política biológica que forzaba a mujeres a crear niños arios; en el robo de niños en Argentina o en el sometimiento de la mujer bajo los regímenes islámicos. Lamentablemente, la historia está llena de ejemplos y no todos del pasado, porque El cuento de la criada, así como también Los testamentos, dialogan con el presente: funcionan como advertencias de lo que ya puede estar sucediendo.

Tras su publicación, la novela de Atwood ganó diversos premios: el Arthur C. Clarke  y el Governor General. Después, la escritora Atwood continuó cosechando éxitos, caso de Alias Grace (1996) y El asesino ciego (2000) por el que recibió el premio Booker. Luego, en 2003 publicó Oryx y Crake, que daría inicio a una trilogía postapocalíptica de gran éxito. Su segundo premio Booker lo ganaría precisamente con Los testamentos, publicada en 2019, y en la que continúa expandiendo el universo de Gilead, cuya adaptación en serie durante seis temporadas (2017-2025), lo convertiría en un verdadero fenómeno social y símbolo de la nueva ola de feminismo. La identificación con la protagonista principal, Defred, interpretada por una impresionante Elisabeth Moss, una Criada en la serie, se convirtió en un referente de lucha del empoderamiento femenino, y fue habitual ver manifestaciones por todo el mundo con mujeres disfrazadas de Criadas con su manto rojo y su cofia blanca. De hecho, ha sido probablemente la serie con más influencia política en la historia.

Los testamentos fue por tanto una respuesta tanto al libro original como a la serie, que había ampliado el universo Gilead, una República férreamente dividida en distintas clases sociales: Comandantes, Guardianes, Ojos, Tías, Esposas, Criadas, Marthas, Perlas, etc, cada uno con su color correspondiente de ropa. Clases de las que no se puede escapar y donde todo gira en relación a la reproducción debido a un grave problema de fertilidad. Por ello, las Criadas, esclavas sexuales, son obligadas a tener relaciones sexuales forzadas por los Comandantes. Un orden además dictado supuestamente por la Biblia, texto que solo las Tías pueden leer, ya que todas las demás mujeres son analfabetas y se las educa en la ignorancia, base del control social. Cada ciudadana está constreñida y limitada a un solo uso, igual que objetos.


La historia del libro, que sucede quince años después de la novela original, deja prácticamente de lado al personaje de Defred -June Osbourne en la realidad-, y se cuenta en primera persona a través de tres testimonios, tres voces que representan lo viejo y lo nuevo: la tía Lydia -enemiga de Defred en El cuento de la criada-, jefa suprema de las Tías y directora de Casa Ardua, cuartel general de las Tías. Tía Lydia está escribiendo un diario a escondidas para un futuro lector en el que revela tanto su pasado como jueza divorciada, como su intento de derrocar a Gilead, un giro sorprendente para los seguidores del El cuento de la criada. La otra línea narrativa está protagonizada Agnes Jemima, cuya madre adoptiva acaba de morir y debe soportar el rechazo de nueva madre, la esposa del Comandante Kyle. Asiste a la escuela para jóvenes esposas pero logrará escapar de su destino -casarse- y se convertirá en Tía. Pero todo cambiará para ella cuando descubra que es hija de una Criada que huyó a Canadá y que además tiene una hermana. La tercera voz corresponde a Nicole (también conocida como Daisy), una adolescente que vive en Canadá hasta que sus padres mueren en un atentado provocado por agentes de Gilead. Descubre entonces que estos no eran realmente sus padres y que nació en Gilead. Esto hará que se involucre con el grupo de resistencia Mayday, al que pertenecían sus padres adoptivos, y se convertirá en una infiltrada en la República.


Las tres voces cuyos capítulos se alternan se conectarán gracias a las actividades del grupo Mayday y sus intentos por derrocar a la República. Todo ello da por tanto un aire de thriller a la novela, más dinámica y de más sencilla lectura que El cuento de la criada, una obra de gran calado literario cuyo estilo resulta más complejo y filosófico. Los testamentos en cierto modo parece más heredera de la serie que de la novela original, y principalmente aporta nueva información sobre Gilead. Describe a la perfección el mundo de las hijas de los Comandantes al tiempo que habla de las luchas de poder entre las Tías que viven en la llamada Casa Ardua, controlada por Tía Lydia y lugar donde se instruye a las Perlas, las misioneras que luego viajan a Canadá en busca de nuevas adeptas. También es donde se encuentra la biblioteca y se guardan los secretos del país, los Archivos Genealógicos de los Lazos de Sangre. Pero, sobre todo, para los amantes de la distopía creada por Atwood, Los testamentos resulta clave porque revela cómo acabará todo para Gilead. 

Chase Infiniti como Agnes en Los testamentos. Crédito: cortesía de Hulu.

Al igual que la novela, la serie, producida por Hulu y disponible en streaming vía Disney+ desde abril de 2026, deja de lado el mundo de las Criadas y se centra en las nuevas generaciones que asisten a la escuela dedicada a enseñar a las futuras esposas. Así, frente a la brutalidad y violencia que reinaba en la serie del El cuento de la criada (2017-2025), filmada con colores oscuros y rojos intensos, y siempre asfixiante, Los testamentos es una serie fotografiada con tonos más cálidos y pensada para un público más joven -tipo Los juegos del hambre-, que conecta con la vida de las adolescentes protagonistas. Aunque el cambio más radical, que ya estaba en cierto modo en la novela, tiene que ver con tía Lydia, cuyo carácter con los años parecer haberse sosegado puesto que ya no va por ahí torturando y mutilando a Criadas rebeldes.


Tal y como se puede apreciar en el primer episodio, en el que aparece una casa de muñecas, Los testamentos muestra este mundo ordenado y apartemente perfecto que es Gilead, con grandes casas, sirvientas, jardines y limpieza absoluta que arrasa con cualquier tipo de diferencia. Una sociedad artificial creada por los Comandantes para su propio placer. Los primeros episodios se centran así en mostrar los protocolos, reglas y rituales que rigen esa perfecta sociedad en la que las mujeres viven en la absoluta ignorancia, incluso del funcionamiento del sexo. Por momentos, parece una serie teenager, ya que a diferencia de la novela se deja de lado la voz de la tía Lydia y sus intentos de transformar radicalmente Gilead, tema que seguro aparecerá en siguientes temporadas. Otro cambio importante es que en la novela el personaje de Defred solo aparecía mencionada al final de la misma, mientras que en la serie su personaje tendrá más relevancia, aunque lejos de tener el protagonismo. En cierto modo, ahora hay una nueva Defred encarnada en el personaje de Nicole/Daisy, joven que acaba de llegar de Canadá y que forma parte del grupo Mayday, una infiltrada que se implicará emocionalmente en todo lo que sucede en Gilead, ayudando a sus compañeras a sobrevivir. Una joven rebelde cuyas acciones, especialmente en los últimos episodios, lograrán que la serie se agilice y sea más apasionante. Así, la casa de muñecas en la que se ha convertido Gilead, poco a poco irá viendo cómo sus paredes se agrietan y las jóvenes emprenden su lucha final contra el patriarcado.


(Publicado originalmente en Revista Lengua)

 Cine y series

«La casa de los espíritus»: cuando lo sobrenatural se entrelaza con la historia

Pocos debuts literarios han resultado tan fulgurantes como el de Isabel Allende con «La casa de los espíritus». Publicada en 1982, la novela obtuvo un éxito inmediato, fue traducida a numerosos idiomas y terminó por convertirse en una de las obras en español más leídas de las últimas décadas. Heredera de la tradición del realismo mágico, la novela recorre cuatro generaciones de la familia Trueba para trazar, al mismo tiempo, un gran fresco íntimo y político de Chile. En sus páginas conviven la memoria familiar, la violencia del poder, las fracturas sociales y la resistencia de unas mujeres que desafían la tiranía y el patriarcado. Polémica en su momento y deslumbrante todavía hoy, «La casa de los espíritus» (Plaza & Janés) mantiene intacta la fuerza de sus personajes, la intensidad de su imaginación y una prosa capaz de fundir lo sobrenatural con la historia de un país en permanente transformación. No sorprende, por ello, que esta gran saga familiar haya vuelto a dar el salto a la pantalla: su adaptación como serie para Prime Video se estrena en abril de 2026.

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Fotograma de la serie de televisión La casa de los espíritus (2026), adaptación de la novela de Isabel Allende. Crédito: cortesía de Prime Video.

Fotograma de la serie de televisión La casa de los espíritus (2026), adaptación de la novela de Isabel Allende. Crédito: cortesía de Prime Video.



Publicado en 1982, La casa de los espíritus no ha perdido nada de su espíritu transgresor. Como ejemplo, la reciente prohibición del libro de Isabel Allende en el condado de Orange, Florida, donde fue censurado por abordar temáticas sexuales y por ser crítica contra las tiranías. No es la primera ocasión en la que la novela ha provocado tal revuelo, ya que tras su publicación, bajo la dictadura de Augusto Pinochet, fue vista por muchos como una denuncia a la situación del país. La propia Allende, tras el golpe militar de 1973, que supuso la caída de Salvador Allende, primo hermano del padre de la escritora, se autoexilió junto con su familia en 1975 a Venezuela, país en el que vivió hasta 1988. Fue durante este exilio cuando Isabel Allende comenzaría a escribir el origen de lo que luego sería su libro: una carta enviada a su abuelo moribundo en la que le recordaba algunas de las historia familiares que él mismo le había contado, como la de su tía abuela Rosa, quien murió envenenada en extrañas circunstancias. Como la propia escritora reveló, «empecé a contar y contar. Fue como un vórtice en el que me vi totalmente envuelta, casi en trance. Fui recuperando todas estas historias que yo tenía adentro y que había compartido con mi madre, con mi abuelo... Eran historias familiares». Fue así como abrió una puerta en la que de súbito aparecieron todos esos recuerdos a los que dio forma literaria, un hecho que se percibe en la intensidad y la emoción que desprenden cada uno de sus inolvidables personajes. Como ella también dijo, sus novelas «no resisten mucho el análisis, se escriben con el corazón», quizá por ello la fusión entre lo maravilloso y lo real funciona de forma tan natural, y es la mejor para contar esa saga familiar única en la historia de la literatura. Así, espíritus que recorren la casa, saleros que se mueven solos, música de Chopin que suena en un piano sin nadie toque las teclas, levitaciones, presagios, conviven con amores frustrados, palizas, terremotos, violaciones, o la lucha de clases.


La novela recorre más de cincuenta años de la familia Trueba. El personaje conductor es Esteban Trueba, joven que inicialmente trata de buscar fortuna en las minas para casarse con Rosa del Valle, procedente de una familia rica, y quien morirá envenenada, cambiando la vida del futuro patrón de la finca de Las Tres Marías. Su carácter entonces se endurecerá, volviéndose una persona cruel y conservadora. Se casará entonces con la hermana de Rosa, Clara, dotada de poderes sobrenaturales y personaje a partir del cual se desarrolla el tono de realismo mágico de la novela. De esta relación saldrán tres hijos. Primero Blanca, quien tendrá relaciones sentimentales con Pedro Tercero García, un revolucionario que lucha con el patrón y que luego se convertirá en un famoso cantautor. Los otros hijos serán dos mellizos: Nicolás, obsesionado con el misticismo heredado de su madre y luego líder espiritual, y Jaime, médico preocupado por los pobres y una persona radicalmente austera que en cierto modo sigue la trayectoria de la hermana de Esteban Trueba, Férula, mujer que sacrificó toda su vida, primero cuidando de la madre enferma y luego de Clara. Será así una familia marcada por las tragedias y, sobre todo, por los arrebatos de ira de Esteban, figura autoritaria donde las haya. Blanca, la hija primogénita de Esteban y Clara, y Pedro Tercero, tendrán una hija, Alba, quien recuperará los «cuadernos de anotar la vida» escritos por su abuela Clara, convirtiéndose así en la narradora de la historia salvo en los momentos en los que su abuelo habla en primera persona mostrando así su visión de los hechos y lamentándose de su eterna soledad.La novela transcurre entre dos casas que tendrán un gran protagonismo en la novela, la mansión rural de Las Tres Marías y, sobre todo, la casa de la ciudad, la casa de los espíritus, que en el libro estará poblada por fantasmas, médium, bohemios, y donde sucederán toda clase de hechos sobrenaturales; un espacio en realidad para la imaginación, laberíntico, casi orgánico, que se transforma en relación con los propios cambios emocionales de los protagonistas. Un lugar en el que los miembros de la familia estarán siempre en lucha contra el patriarcado impuesto por Esteban y su violencia, alguien capaz de golpear brutalmente a su mujer Clara. La casa, llena de recovecos, sótanos, cuartos dedicados a la memoria de los difuntos, será también un lugar para la rebeldía. Así, durante la dictadura, Alba utilizará la casa como refugio para ayudar la gente que huye del régimen militar.Aunque Chile no aparece nombrado a lo largo de la novela, la historia familiar se fundirá con la historia política de este país durante más de medio siglo, acabando con el golpe militar que destruyó el gobierno de Allende, momento en el cual lo maravilloso quedará ahogado por el horror. Toda la novela está en constante diálogo con el pasado y, de hecho, muchos de los personajes remiten a situaciones y personajes reales. No solo los abuelos están inspirados en los abuelos de Isabel Allende, el Poeta que se menciona a lo largo de la novela se refiere a Pablo Neruda; Pedro Tercero García está inspirado en el cantautor Víctor Jara; el llamado Candidato o Presidente, está basado directamente en Salvador Allende; y, quizá la propia Alba, la narradora, habla en cierto modo de la propia Isabel Allende. Todos los personajes se verán afectados por la Historia. El propio Esteban, tras el ascenso de la izquierda, verá sus tierras ocupadas por sus propios campesinos. Luego, con la llegada del gobierno militar que él mismo había impulsado a crear gracias a su poder como senador, se dará cuenta de que el nuevo régimen no es lo que esperaba y él mismo será detenido junto con su propia nieta, Alba, quien sufrirá torturas debido a sus actividades políticas. Los personajes femeninos tendrán una relevancia capital en esta historia, comenzando con la madre de Clara y Rosa, Nívea, activista feminista. Las mujeres representan así la memoria, la resistencia y la transformación social frente a un mundo dominado por hombres. A diferencia de los personajes masculinos, las mujeres son las que evolucionan y conectan generaciones. Son también las que narran la historia familiar y las que buscan sus propios espacios de resistencia. Clara, por ejemplo, busca la libertad interior a través de la espiritualidad; Blanca vive un amor prohibido con alguien de clase inferior y de fuertes convicciones políticas; y Alba lucha directamente contra la tiranía militar. Sus personajes son el eje moral, emocional e histórico de la novelaLa casa de los espíritus se convirtió en un bestseller que cambió por completo la vida de Isabel Allende, y menos de diez años después de su publicación fue adaptada cinematográficamente en 1993 por Bille August. Filmada en inglés, contó con un elenco espectacular para la época: Meryl Streep, Jeremy Irons, Glenn Close, Winona Ryder y Antonio Banderas. Sin embargo, lo que parecía su principal reclamo fue su principal defecto: contar con actores norteamericanos para filmar un relato puramente latinoamericano en localizaciones como Dinamarca y Portugal. Esto provocó que la película resultara artificiosa y no tuviera conexión alguna con el texto y la atmósfera original. 


La actual serie, por su parte, no ha cometido los mismos errores. Creada por los showrunners Francisca Alegría, Fernanda Urrejola y Andrés Wood, continúa con la tendencia actual de llevar a la pantalla grandes clásicos latinoamericanos, caso de Cien años de soledad o Pedro Páramo. A diferencia del filme de August, ha sido rodada en español y en Chile. Sin embargo, un cierto exceso de fidelidad y de corrección a la hora de adaptar la novela, provoca por momentos que la serie no posea una personalidad propia, especialmente a nivel estético, destacando una imagen pulcra de superproducción internacional que rehúye de una cierta oscuridad que sí existe en la novela original. Hay, digamos, una falta de riesgo. A pesar de ello, hará las delicias de los seguidores de la novela, ya que la serie aborda directamente los elementos sobrenaturales, muy presentes, y los actores, a diferencia de los de August, resultan más creíbles y naturales, aunque quizá estén demasiado supeditados a los personajes de la novela, casi atados a ellos. Resultará por tanto una serie especialmente emotiva y épica gracias a su espectacular diseño de producción, muy pensada para el público femenino y los intereses actuales del público: el machismo y la lucha contra el patriarcado.


(Publicado originalmente en Revista Lengua)