sábado, noviembre 08, 2008

EL ABURRIMIENTO EN EL CINE










¿Es el aburrimiento una categoría adecuada para juzgar un filme? ¿Es justo criticar todos los filmes por el mismo baremo, por su capacidad para entretener? El cine es un arte, que como tal, supera su simple concepción como espectáculo, y por ello, debe ser también vivido como una experiencia audiovisual profunda y, en ocasiones, compleja. Hay un tipo de cine (más allá del comercial, uno de cuyos deberes, evidentemente, es entretener del modo más efectivo posible), que por la duración de los planos, la dificultad de su propuesta o por el rigor de su puesta en escena, “aburre” al público convencional. Pero no se trata de hacer una reivindicación de las películas aburridas de por sí (el cine de autor está plagado de ellas sin interés alguno), sino plantear algo que puede parecer contradictorio, que uno puede ver un filme que le aburra y, sin embargo, al mismo tiempo, estar disfrutando de una gran obra cuyo principal interés no es entretener, sino provocar reflexiones, o permitir mirar una imagen el tiempo necesario para que surga algo más que la simple información narrativa de un plano. Muchas películas de difícil visión incomodan al espectador simplemente porque no se le ofrece algo a lo que esté habituado, y uno de estos elementos es el tiempo. No estamos acostumbrados a que nos den tiempo para mirar, por ello, cuando se nos otorga ese tiempo, no sabemos qué hacer con él. Pretendemos que se nos dé todo mascado, digerido, en el menor tiempo posible. Cuando uno se enfrenta, por ejemplo, a filmes de James Benning como “10 Skies”, 2004, (diez largos planos de nubes) o “One Way Boggie Woogie 27 years later”, 2005, (numerosos planos fijos de una ciudad), el director nos está ofreciendo algo extraordinario, la posibilidad de ver, de observar los detalles, los más leves movimientos o juegos que se nos plantean. Puede que nos aburramos si no estamos acostumbrados a ver ese tipo de cine, o hasta que nos durmamos, pero horas o días después de haber visionado el filme, cambia el modo de “ver” la película y surge esa otra película, en la que el tiempo se ha transformado. La película mental es la que finalmente queda en nuestra cabeza. Ahí la idea de aburrimiento ha desaparecido y sólo queda lo sugerente, lo extraordinario. Esta es la prueba de que el filme verdaderamente le ha apasionado a uno y no las sensaciones esporádicas de aburrimiento surgidas durante la proyección. Esa otra película es la que elimina las sensaciones inútiles o circunstanciales y se queda con las útiles, con los verdaderos valores de una obra. Lo que no supimos apreciar durante la proyección lo podemos encontrar después. Así, la duración de la película se alarga indefinidamente y su disfrute también. La concepción del tiempo se mezcla, se confunde, va más allá del plano físico del filme y entra en otra esfera, la de nuestro mundo mental. Aunque lo ideal, sin duda, sigue siendo disfrutar una proyección intensamente como un experiencia única.

Otra idea que conviene resaltar es el convencionalismo de la duración de los filmes, relacionados con la rentabilidad de las salas y perjudicialmente estandarizado. Se trata de una duración que no tiene en cuenta el tiempo necesario de cada director para expresar sus ideas. ¿Por qué una película debe durar entre noventa y ciento veinte minutos, en vez de entre treinta y cuatrocientos, por poner una cifra? Cada película tiene sus propias necesidades, su propia forma de contar las cosas, y no todas encajan, por suerte, en los cánones establecidos.

Por último señalar que estos trabajos que dan tiempo al tiempo y al espectador son los más interactivos, ya que le implican de un modo directo. Le obligan a hacerse preguntas, a llenar huecos. La reflexión, al fin y al cabo, es el objetivo de muchos de estos trabajos y el llevar al espectador a lugares donde no está acostumbrado a permanecer. Son experiencias extremas. Pero más allá de las preguntas que se planteen, lo que realmente importa es el poder hipnótico o de sugestión de los planos, la creación de belleza, que es lo que hace pleno al cine, y que ha llenado los planos de cineastas como Pedro Costa, Hou Hsiao-hsien, Andrei Tarkovski o Abbas Kiarostami.

(Artículo originalmente publicado en el Culturas de La Vanguardia)

DANIEL V. VILLAMEDIANA

6 comentarios:

LadyM dijo...

Ole ahí!.

Y a propósito de lo q se dice en el segundo párrafo: alguien se atrevería a decirle a algún pintor q pinte cuadros de 1x1'5,x ejemplo, para q cupiese en el salón de los posibles compradores? no verdad, pues ya está. Es totalmente descabellado imponer una duración estándar.

En todo caso, la duración de una obra (o tamaño, etc) debería definirse en función de sí misma.

Joseto dijo...

por fin me topo con un buen blog de cine!!
Es cierto lo que dices, también lo creo y lo he pensado antes. Entender el cine como mera diversión nos habla también de lo que es nuestra cultura. En tiempos nihilistas como los de hoy la gente siente que la vida es para vivirla, para gozarla, como en un mundo feliz de Huxley, pero carentes de formación espíritual.
Como dices, la mayor parte de las pelis que dicen que son aburridas lo dicen porque ellas demandan un mayor aporte del espectador, un mayor intercambio, mientras que las comerciales te entregan todo, ya masticado, para metertelo en la boca y satisfacerte sin demandar nada. Divertirse con la condición de no pensar
Eso de la duración de los planos es por lo mismo, una cosa cultural. Estamos acostumbrados a vivir de prisa, a consumir aceleradamente, es parte del sistema, consumir información. No estamos acostumbrados a observar, a apreciar delicadamente las cosas, a mirar y ver, contemplar... Por eso las imágenes de cineastas como Tarkovski son tan contemplativas, pertenecen a otro tipo de cultura. él estaba muy influenciado por la cultura oriental como habla en su libro de esculpir el tiempo (del cual solo he leído el prologo pero desearía tenerlo), y sus imágenes contienen una fuerte carga emotiva, espíritual y experiencial, tan potente que entretienen. Según yo no es lo mismo entretener que divertir. Entretener es entre-tener, es meter al espectador en la diégesis, abstraerlo de su mundo y divertir tiene más relación con todo lo hablado anteriormente. Creo que todo buen film te hace salir de tu realidad y te transporta a una especie de sueño, un estado inconciente de alienación. Pero no es solo la película el único factor. Ella interactúa con el espectador, con su cultura, con su forma de ver y de pensar el mundo, su forma de vivir y también con su estado emocional y psicologico más inmediato (cosas tan simples como el estado emocional de cuando uno llega al cine, animado, cansado o deprimido, etc)
Muy buen artículo :)

Joseto dijo...

se me fue la mano con el posteo, no controle mi mano y se puso a teclear como loca

Anónimo dijo...

Espero que el aburrimiento no se convierta en el estandarte de los futuros cineastas. Ya está sucediendo con Albert Serra y otros listos que parten de la idea de aburrimiento antes de filmar un plano. Me decanto sin duda alguna por cineastas como Costa o Wang Bing que jamás se permitirán duraciones vagas o imprecisas para ser moderniquis. ¿Qué se le va a hacer? Unos se tragaron Sokurov y otros mamaron de Bresson.

Asterión dijo...

El arte produce tanto placer como displacer, por eso el dolor, la incertidumbre, la emoción, como el dolor y el aburrimiento son parte del fenómeno estético.

Por otro lado, de modo inconsciente el ser humano siempre está en busca de situaciones que lo acerquen al displacer, y el aburrimiento es una de ellas.

Muy bueno el artículo.

Saludos.

www.asterionloft.blogspot.com
(Ordet, la palabra)

Maria Maria dijo...

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