Vistas de página desde siempre

lunes, septiembre 04, 2023

Series: la dictadura de la narración

 

Series: la dictadura de la narración



Lo queramos o no, la mayoría hemos sucumbido al poder de las series. Un fenómeno que tuvo su revival hace más de veinte años, cuando surgieran clásicos como Los soprano (1999) o The Wire (2002), obras de indiscutible calidad que abrieron el camino a muchas otras. Todas ellas estuvieron protagonizadas por personajes carismáticos e inolvidables, y sus tramas eran sólidas y perfectas, obra de ingeniería narrativa. El cine, de algún modo, parecía haber llegado a las series, legitimando así a actores, guionistas y realizadores de televisión, antes poco o nada valorados. Sin embargo, estas series, aunque revolucionaron narrativamente el medio, no han ofrecido apenas innovaciones en cuanto a lo que, simplificando, caracteriza formalmente el cine: el montaje y la puesta en escena. A pesar de ello son muchos sus méritos. Fueron capaces de construir  complejos universos a lo largo de decenas de horas, de tal forma que el espectador vivía inmerso en un tipo de experiencia que las películas, en general, no podían ofrecer. Por otro lado, las series perfeccionaron las técnicas de escritura de guión, desarrollando tramas y personajes con largos y fascinantes arcos de transformación. Pero, al mismo tiempo, quedaron atrapados por ello. Se produjo una dictadora de la narración, en la que las múltiples tramas, el ritmo, los cliffhanger, los golpes de efecto, o los puntos de giro, fueron un fin en sí mismos. La forma de la historia, la dirección, quedó de lado.
Si se echa un vistazo a la mayor parte de las series actuales, en seguida se puede apreciar que las cuestiones relacionadas con la puesta en escena se han estandarizado. Es cierto que existen obras visual y estéticamente llamativas, caso de Severance (2022), con su atmósfera fría y kafkiana, o el delirio cromático y alucinógeno de Euphoria (2019). Pero en su mayoría las series que hoy consumismos no muestran una personalidad propia que vaya más allá de una estética llamativa, saturada de colores, y de un montaje acelerado que impide mirar las imágenes. La cuestión de fondo, cómo pensar de forma específica cada plano, un trabajo trascendental, y no reutilizar fórmulas manidas, ha quedado de lado. El fin primordial es enganchar al espectador, lo cual no tiene nada de malo en sí mismo. Sin embargo, esto ha provocado que la forma haya quedado relegada en favor del ritmo trepidante, del pánico a perder al espectador.
A pesar de todo, y con todavía mucho por visionar, sí existen algunas series que poseen un estilo propio, muchas de ellas realizadas por directores de largometrajes. El caso más emblemático es el de Twin Peaks de David Lynch, cuya tercera temporada (2017) supone el trabajo más radical y original que se haya nunca realizado para televisión. Lynch filmó un universo personal que en esta temporada se expande literalmente, formando galaxias, agujeros negros y cometas que describen los misterios de este mundo que lucha por no ser descifrado y donde la trama es agujereada, mutilada, hasta reventar el dispositivo. Quedan así ante imágenes imborrables, perturbadoras, que desvelan una forma única de filmar.
Hay otras series -lejos de Lynch, claro está- que también han logrado tener entidad propia. Hablo de la tercera temporada de Atlanta (2022), creada por Doland Glover y dirigida por él mismo junto con Hiro Murai. Originalmente la serie contaba la historia de un rapero y su mánager, pero en esta temporada, que trascurre en buena parte de Europa, cada episodio no sigue la trama general y se convierte en un reto y en un enigma para el espectador. Hay así episodios de puro terror, otros oníricos que recuerdan a El proceso de Welles, y otros que son fantasías jurídicas en la que los antiguos esclavos reclaman compensación por su pasado, arruinando así a los blancos. En esencia, se trata de una serie más bien conceptual que trata un mismo asunto pero utilizando diferentes formatos: la experiencia de ser afroamericano.
También es posible incluir la serie de ciencia ficción Devs (2020), de Alex Garland, en la que el director de Ex-machina demuestra una sensibilidad para la imagen exquisita, casi minimalista, que va acorde con un ritmo pausado e hipnótico. Un director que nos hace degustar cada plano. Es necesario mencionar la serie Small Axe (2020) de Steve MacQueen, uno de cuyos episodios está dedicado simplemente a un baile, a la filmación de cuerpos en movimiento y al deseo que se genera entre ellos. Por último comentar We Are Who We Are (2020) de Luca Guadagnino, una serie de adolescentes que viven en una base americana en Italia. Filmada sin un rumbo narrativo preciso, simplemente describe, en un ejercicio formal de gran belleza, y sorprendentemente fresco, la vida de un grupo de erráticos chicos.
Son algunos escasos ejemplos de series que demuestran que sí es posible huir de la dictadura de la narración y hallar un estilo personal para filmar historias. Series abiertas a la creatividad en las que se ha logrado retratar un universo propio, más allá del producto prefabricado.


Daniel V. Villamediana

(Publicado originalmente en Culturas de La Vanguardia 29/04/2023)


No hay comentarios: