sábado, enero 28, 2017

True Lovecraft

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TRUE LOVECRAFT


Si de algo se ha hablado desde la emisión de la primera temporada de True Detective en la HBO hasta el inicio de su segunda temporada, ha sido sobre las influencias literarias y filosóficas en las que Nic Pizzolato se inspiró para escribir el guión de esta serie de culto “instantáneo”. Desde Nietzsche, Emil Cioran, Arthur Machen, Alan Moore, Thomas Ligotti y Roberto Bolaño, hasta Robert W. Chambers y H.P. Lovecraft, se han podido escuchar todo tipo de reflexiones más o menos vagas acerca de las tenebrosas, oscuras y esotéricas raíces de esta obra protagonizada por Woody Harrelson y Mathew MacConaughey. Sin embargo, lo que quizá sí tienen todas estas referencias en común, es que cada uno de estos autores ha reflexionado en alguna de sus obras acerca de la idea del mal y su relación con el hombre, sin duda el tema principal de True Detective.
         De lo que no hay duda, como ahora veremos, es que entre todos estos autores mencionados, quizá los más cercanos al espíritu o a la esencia de la serie -no tanto a la forma, finalmente un thriller con asesino en serie de por medio-, son Chambers y Lovecraft. Del primero, la serie ha tomado la figura de “El Rey Amarillo” y la misteriosa ciudad de Carcosa, que aparecen en el ahora famoso libro de cuentos “The King in Yellow” (1895). En esta obra encontramos historias como “El reparador de reputaciones”, donde un personaje desquiciado pretende ser investido con la corona del rey amarillo y está bajo las órdenes de un oscuro personaje de aspecto deforme, llamado Wilde, que trabaja en las sombras para llevar a cabo una especie conspiración mundial. También, en otros cuentos de esta obra, “El rey amarillo” es un libro que vuelve locos a los que le han leído, del mismo modo que luego sucedería a aquellos personajes de Lovecraft que leyesen “el Necronomicón”, libro inventado por él. Otro elemento común con la serie es la mencionada ciudad de Carcosa, una ciudad de muertos en el libro de Chambers, que en True Detective se transforma en un lugar donde se cometen diversos y horribles cultos de carácter pagano y ancestral. Carcosa, es así un sitio al que únicamente los adeptos a esa secta del mal liderados en la serie norteamericana justamente por “El rey amarillo”, logran acceder, y en el que se cometen toda clase de brutalidades sin nombre. En Chambers, Pizzolato, y en Lovecraft (quien también tomaría la idea de esa ciudad desaparecida, en este caso llamada R’leyh, como luego comentaremos), Carcosa es un espacio casi metafísico, que parece estar y no estar en este mundo. Siempre da la sensación de que se encuentra cerca, y aunque los investigadores de True Detective escuchan historias o más bien leyendas sobre ella, nunca dan con su ubicación.
A parte de estas similitudes entre Chambers y la serie de Pizzolato, hay una esencia, un concepto sobre el mal como algo absoluto, cósmico -no moral-, que encontramos especialmente desarrollado en la obra de Lovecraft y concretamente en su cuento titulado “La llamada Chtulhu” (1926). En esta historia, el protagonista trata de indagar sobre la muerte de su tío, profesor de lenguas semíticas y, a medida que avanza en su investigación, se irá encontrando con cultos satánicos, asesinatos rituales, que recuerdan a los aparecidos en la serie, y que justamente, transcurren en el estado de Louisiana, en cuyas ciénagas y bosques se celebran antiguos ritos, sacrificios humanos, en los que se mezcla el vudú con el culto a este ser llamado Cthulhu, cuya simple existencia hace que las muertes rituales parezcan una simple anécdota frente a los horrores que les esperan a los hombres si despierta este ser. Chutlhu es una especie de dios o de sumo sacerdote -clave en la mitología que creó el autor de “Los que vigilan desde el tiempo”-, de los llamados dioses exteriores, siempre esperando para destruir nuestro mundo.
          Igual que el protagonista del cuento de Lovecraft, en True Detective Rustin Cohle es alguien que viene de la locura; alguien que ya ha visto el horror, no se si sabe si por que ha leído uno de esos libros terribles, o porque efectivamente ha sido “Un habitante de Carcosa” (como en el cuento de Chambers) o si estuvo en R’leyh, la ciudad donde habita Cthulhu. Lo cierto que es su rostro demacrado, mirada alucinada, su visión pesimista del mundo, y su cercanía con la locura, hace que se parezca prácticamente a cualquiera de los personajes concebidos por Lovecraft. También es un hombre asolado por las visiones que le permiten descubrir esas otras dimensiones paralelas en las que se ocultan los dioses lovecratianos. Quizá, el momento más relevante en este sentido, se encuentre al final de la serie, cuando Cohle ve antes de cazar al asesino cómo se abre ante sus ojos una especie de túnel interdimensional, igual que si se encontrara frente a una de esas puertas que pueden permitir la entrada de esos dioses exteriores.
También, la relación entre el horror y lo acuático está presente en True Detective. En la obra del autor americano (reverenciado por directores como Guillermo del Toro, Frank Darabont, o John Carpenter -este último es el que mejor ha adaptado al Lovecraft en “In the mouth of Madness”, 1995) las criaturas más temibles son aquellas que surgen de las profundidades, de los océanos o de los pantanos; seres mezcla de cefalópodos con humanos, criaturas nauseabundas, cuya sola visión ya provoca la locura. En la serie de Pizzolato, aparte de estar situada en el mismo estado que el cuento mencionado, son habituales los paisajes marcados por esas aguas insoldables y tenebrosas. E incluso hay una referencia directa al propio Chtulhu -habitualmente representado por tener una cabeza llena de tentáculos-, en la descripción de un niño que dice haber visto al “hombre espagueti”, y cuyo dibujo aparece en el cuaderno de Rustin. En “La llamada de Cthulhu”, la ciudad R’leyh se encuentra además bajo las aguas y es donde mora el gran dios, grande como una montaña, a la espera de despertar y acabar con el mundo (de una vez por todas, que dirían los lectores de Lovecraft, ¡pues esta amenaza parce no cumplirse nunca del todo!). Incluso en los títulos de crédito de la serie, podemos ver una serie de imágenes sumidas en espacios acuáticos, especialmente una del cuerpo de una mujer por el que flotan medusas. Así, las aguas pantanosas, son también un espacio donde se ocultan algunos de esos horrores.
           Sin embargo, el aspecto más relevante entre Lovecraft y True Detective, es la idea de que el mal no es algo que únicamente proceda de los hombres, sino que forma parte del propio territorio, dando la impresión de que ese mal, en realidad, siempre ha habitado allí, incluso antes de la llegada del hombre. En Lovecraft -principal artífice del llamado “Horror cósmico”-, su idea del mal está lejos de las concepciones cristianas o incluso zoroástricas de la lucha del bien contra su opuesto. Su idea es mucho más compleja y devastadora. Ese mal es el origen del mundo, y siempre amenaza con regresar. Entretanto, una serie de personajes siniestros -también poderosos- le rinden culto. El hombre, en su pequeño planeta, es casi visto como una minucia que vive por suerte ignorante de esta realidad, ya que la consciencia de este horror, siempre lleva a los personajes de Lovecraft a la enajenación.
Un mal preexistente al hombre, consustancial al cosmos y, por lo tanto, imposible de derrotar. El ser humano se convierte así en una víctima, en alguien impotente, que sabe que aunque encuentre a un asesino o al mismísimo rey amarillo -en el caso de True detective-, ese mal seguirá habitando allí, entre las ciénagas, bajo los océanos, o en el espacio exterior. Ese mal que Rustin ha mirado directamente a los ojos.

Daniel V. Villamediana

(Publicado originalmente en la revista SO FILM)