martes, enero 20, 2009

PACK GUERIN


La historia del cine español apenas está escrita porque, entre otros motivos, como dice Santos Zunzunegui, el mejor cine español no se ha visto. Ciertos festivales todavía se dedican a hacer ciclos de estilistas españoles (sin tener nada en contra de los estilistas), por poner un ejemplo, mientras dejan de lado películas fundamentales de nuestro cine. Ni se hacen ciclos adecuados (ahí queda en el olvido la sugerente y original filmografía de Francisco Regueiro), ni se rescatan en DVD películas clave que sólo unos pocos privilegiados han podido ver en filmotecas o en copias pirata. Pienso en directores como Gonzalo García Pelayo, Ángel García del Val, o en algunas películas desconocidas de Fernando Fernán Gómez o de Edgar Neville. Una situación que se da tanto respecto a cineastas ya fallecidos como a directores en activo.

Gracias al sello Versus, uno de esos huecos ha quedado colmado con la edición de tres largometrajes de José Luis Guerin, director justamente renombrado y aclamado por la crítica española, pero cuyas películas anteriores a En construcción (2001) eran de difícil visionado hasta el momento. El pack editado contiene su segundo filme, Innisfree (1990), Tren de sombras (1997) y Unas fotos en la ciudad de Sylvia (2007). Una lástima que no esté también su primer trabajo, Los motivos de Berta (1985), un filme surgido de una cinefilia bien entendida, con una poderosa imagen en blanco y negro y una de las más destacadas óperas primas del cine español. El esfuerzo económico y creativo de la edición del “pack Guerin” es palpable en todos los detalles, desde el diseño hasta la restauración digital de Innisfree, cuyo negativo fue escaneado y etalonado digitalmente para su perfecto visionado, una auténtica labor de filmoteca. Acompañan a las tres películas un cuarto DVD de extras entre cuyas piezas hay que destacar “Extracto de un filme experimental de Monsieur Fleury” (una película realizada con imágenes de Tren de sombras mediante un montaje vanguardista y frenético) y “Mujeres esperando el tranvía” (algunas secuencias descartadas de Unas fotos en la ciudad de Sylvia, centradas en el mundo de los reflejos y las relaciones inesperadas que se producen entre el cuerpo reflejado en el cristal de un tranvía y el cuerpo que está tras el cristal, una auténtica orgía visual). El pack se completa con un libreto con distintos artículos acerca del cine de Guerin, cuyo valor reside en dar la palabra a aquellos técnicos (sonidistas, mezcladores, directores de fotografía, montadores) cuya voz suele resultar ignorada. En definitiva, un pack pensado a favor del cineasta, no contra él. Larga es la historia de DVDs de cineastas en activo que no han contado con la colaboración ni el beneplácito de su autor.

José Luis Guerin es un cineasta que justamente este año pasado ha tenido su primer éxito verdaderamente internacional, después de haber dirigido seis largometrajes. Su último filme, En la ciudad de Syvlia, le ha servido para ser aclamado por la crítica europea y americana con un fervor desconocido, especialmente por aquellas personas que no conocían nada de su cine. Y es que En la ciudad de Sylvia es un compendio y una exploración de muchas de las líneas estilísticas y temáticas ya trabajadas en filmes previos (las mujeres desconocidas, las sombras, el trabajo del encuadre, la búsqueda y persecución obsesiva de la mujer fantasma, las referencias pictóricas, etc). Un filme esencia, donde Guerin se expone plenamente. Pero antes de realizar este filme, Guerin realizó un esbozo que se convertiría en una película extraordinaria por su pureza y su simplicidad: Unas fotos en la ciudad de Sylvia. Confeccionada a base de instantáneas de secuencias grabadas por él mismo con su video cámara, penetramos en un territorio íntimo, cercano al diario, sin sonido, donde la imagen congelada cobra movimiento gracias a la gran labor de montaje (Nuria Esquerra es sin duda uno de los mejores montadores/as españoles actuales) y a la imaginación del espectador, que insufla vida a esas postales, las acciona mentalmente logrando así que el mecanismo del cine gire de forma más poderosa. Una vuelta a los orígenes, a la imagen como tal, desprovista de lo innecesario, de manera que se cuestiona la propia idea respecto a lo que es el cine. ¿Pueden ser unas fotos un filme? ¿Es un álbum de fotos fotografiado una película? Los antecedente están claros (La jetée (1962) de Chris Marker) pero, sin embargo, la propuesta de Guerin entronca más directamente con el cineasta norteamericano Jonas Mekas, uno de los fundadores del cine diario, del cine-apunte tomado de la realidad. En su película Guerin se narra a sí mismo, a su búsqueda, a sus frustraciones, a sus imágenes. Vemos lo que él vio. Finalmente los recuerdos son también imágenes congeladas, fotografías, y él monta a partir de recuerdos que estaban escondidos en decenas de cintas de vídeo. Montar algunas de esas capturas, relacionarlas entre sí y aunarlas gracias a una búsqueda imposible, a una Odisea en la que ya no se recuerda el rostro de Penélope/Sylvia, es un camino sin un claro origen y con un destino incierto. Sin duda una senda, en la que lo que importa es el proceso de búsqueda. Unas fotos en la ciudad de Sylvia es también un filme sobre la creación, tanto del propio filme como de esa mujer invisible que se esconde entre los reflejos. Una película sobre todas las mujeres y sobre ninguna finalmente.

Guerin es además uno de los pocos cineastas españoles que piensa realmente en imágenes y en sonidos, y no en guiones o en palabras. Él escribe con la cámara y es un maestro del montaje, del montaje que surge en la cabeza de un director cuando piensa y rueda un filme. Películas como Innisfree (un encuentro con la tierra y las gentes del pueblo que vivió en 1951 el rodaje de The Quiet Man de John Ford) y, especialmente, Tren de sombras, la cinta clave de su filmografía, la esencia de su estética como cineasta, son obra de puro montaje. Innisfree es quizá su película, junto con su ópera prima, más desconocida. Es otro filme español sin herencia. Una obra que surge de un empeño: encontrar la realidad de unas imágenes, el espacio donde fueron captadas y buscar las huellas de esa luz que inundó los planos del filme de Ford. Probablemente José Luis Guerin haya sido uno de los pocos cineastas españoles que haya salido fuera de este país -imperiosamente- para filmar otro con devoción. Otro paisaje, otros rostros de mujer, otras rutas para el cine español.

Pero su obra clave, como cineasta-montador es Tren de sombras, donde al modo vertoviano, descompone las secuencias, los movimientos, los gestos de una mujer del pasado embalsamada en una película, que cobra vida cada vez que Guerin acciona la manivela de la moviola. Guerin también cree en la superioridad del ojo mecánico frente al ojo humano, por eso indaga en el misterio, en el vacío que hay entre dos fotogramas para encontrar algo que quizá esté ahí. Es un cine que parte del cinematógrafo como fundamento para crear sus películas, ensayos ficcionados en los que plasma sus propios sentimientos y obsesiones: el cine visto como una forma de escrutar el rostro de una mujer, de captar algo imposible de ver por el ojo humano, un destello que dé sentido a una vida.

DANIEL V. VILLAMEDIANA

(Artículo originalmente publicado en el Culturas de La Vanguardia)