viernes, septiembre 10, 2010

日本映画 (II)

Kohayagawa-ke no aki




Banshun



miércoles, septiembre 08, 2010

ÚLTIMOS MODELOS DE LA VIRILIDAD EN EL CINE

Una gran pregunta que pocos directores se han hecho es cómo filmar la fuerza. La fuerza de un rostro, de una vida, de un cuerpo, de un gesto, de una mirada. Algo terriblemente complejo de encontrar. Y no me refiero a la violencia, al músculo ni al ejercicio, sino a la fuerza que emana de una presencia, en este caso masculina (porque todo lo anterior no quiere decir que no existan presencias y fuerzas femeninas). Tratando de responder a esta cuestión, en los últimos años, la representación de los modelos tradicionales de lo viril se ha ido transformando, tanto en el cine de autor como en el género norteamericano. En algunos casos se trata de filmes que tienen prácticamente como únicos protagonistas a hombres, que en su soledad o en amistad, exploran la masculinidad en términos no sexuales o violentos, muchas veces por la simple relación del hombre con su entorno. Fuera del ámbito hollywoodiense está, entre otros, el cine de Lisandro Alonso, Claire Denis (la más viril de las directoras) y Jim Jarmusch. Estos cineastas han trazado tres caminos diversos para el retrato del cuerpo masculino. Lisandro ha filmado al hombre, su técnica y el paisaje que le da sentido. Su cine explora a hombres asilados y sin apenas relación con la sociedad que se bastan a sí mismos gracias a su sabiduría “natural”, una reivindicación de la búsqueda de lo primitivo en el hombre. Claire Denis, con su culto al cuerpo masculino y con una mirada de mujer que desea esos cuerpos, crea personajes que son cultivadores de la fuerza (Beau Travail, 1999) y de la individualidad (L´intrus, 2004)), gracias a rostros como los de Alex Descas y Michel Subor. Jarmusch, especialmente con su último filme, The Limits of control (2009) da una deriva cool-samurai a una masculinidad pétrea, solitaria, profunda e incognoscible, perfectamente encarnada por Isaach de Bankolé.

En Estados Unidos, los dos grandes referentes de los últimos años del cine masculino americano son (dejando de lado Miami Vice de Michael Mann) la película Master and Commander (Peter Weir, 2003) y la serie creada por Mattew Weiner Madmen. Estas obras presentan a dos personajes-presencia que han renovado y refinado la imagen de lo viril que procedía del cine norteamericano de los sesenta y especialmente de los setenta, más brutal y obsesiva. Un cine que exploró la violencia en una reivindicación de una masculinidad cuestionada por los acontecimientos históricos (liberación sexual de la mujer, guerras perdidas como la de Vietnam, conciencia y cuestionamiento del machismo).

El filme de Peter Weir supone una de las escasas películas americanas en las que no aparece una sola mujer (únicamente una bella indígena de forma fugaz) y que crea un personaje contundente, duro y militar, pero intelectualizado y con sensibilidad para la música y para la vida, alguien con capacidad de reflexión y refinamiento. Lo extraordinario de este filme, con una gran dirección y una increíble tensión narrativa, es la creación de dos personajes complementarios: el científico ilustrado que luego sabe luchar cuando toca, y el capitán guerrero que saber tocar el violín también cuando toca. Dos humanistas de finales del XVIII, que aúnan las características de la sensibilidad y la fuerza, la de la moral y la de la amistad, pocas veces reunidas y sobre todo inteligentemente tratadas en un filme. Master and Commander supone un hito en el cine de acción por su capacidad para hacer cine histórico, cine fuerza, cine intelectual, dentro de una compleja producción hollywoodiense.

Por otro lado, la serie Madmen retoma la figura ya conocida del americano triunfador con pasado oscuro, un individuo hecho a sí mismo, incluida una nueva identidad (es alguien que reniega de la fuerza bruta de sus antecesores para transformarla en fuerza creativa y, bueno, también sexual), y que está inmerso en una sociedad profundamente machista. Un personaje con un carisma y una presencia que le hace ser sin duda uno de los grandes personajes de la entrante década. Donald Draper (Jon Hamn) es un tipo que no se conoce a sí mismo. Un misterio dentro de un misterio que al mismo tiempo es un hombre refinado, de gestos y apariencia impecables, pero nunca simpático o gracioso. Su mirada es siempre dura y su inteligencia se desprende de cada uno de sus movimientos y palabras. Hijo de prostituta, hombre infiel, triunfador y pionero en el mundo de la publicidad, es el nuevo icono del cine americano. Incluso los silencios de Donald Draper, sus miradas, su forma de estirarse las mangas, de vestirse, de fumar, de beber, son absolutamente impecables, únicas, terriblemente atractivas. Es alguien que, sin un solo gesto violento, solo con su presencia en escena, representa una fuerza inquietante y al mismo tiempo subyugadora. Lograr filmarla, sin duda es uno de los grandes misterios del cine.

DANIEL V. VILLAMEDIANA

http://www.youtube.com/watch?v=_z6vsYELcjw&feature=related

(Combate dialético entre Don Draper y los Hippies)

martes, septiembre 07, 2010

日本映画 (I)


Mikio Naruse + Rioja Comportillo




Yasujiro Ozu + Rioja Comportillo + sakes y cervezas varias




Kenji Mizoguchi + Rioja Comportillo