Carlo Chatrian (Panoramiques, Duellanti, Italia): 7 (Film atypique dans le panorama francais avec une tres belle idee au depart (organiser la rencontre entre des corps americains et des lieux francais). Le debut est magnifique et le regard sur la peau de ses stripteuses rappelle cassavetes. La partie parisienne par contre est vraiment tres faible. Un peu paresseux parfois dans la mise en scene des spectacles (alors qu'il a un materiel formidable), mais le final souleve le film. Un aube dans une villa un peu delabre... (souvenir de la dolce vita?). Bon, les references sont lourdes mais je pense que le film arrive a les soutenir). Eugenio Renzi (Independencia, Francia): 7,6 (Beau. Quelque facilité. Film dru, tendu, avec des beaux moments de dureté). Emmanuel Burdeau (Mediapart, Francia): 7 Carlos Reviriego (Cahiers du Cinéma España, España): 8 Alejandro G. Calvo (Sensacine.com, España): 7 Diego Batlle (La Nación, Otros Cines, Argentina): 7 Carlos F. Heredero (Cahiers du Cinéma España, España): 6 Leonardo D'Espósito (Crítica de la Argentina, Argentina) 9 (un poco menos por el egotrip de Amalric, pero supera la mitad entre 8 y 9. Muy gozosa). Diego Lerer (Clarín, Micropsia, Argentina): 8 Markus Keuschnigg (ORF Radio FM4, Die Presse, Austria): 7 Eulalia Iglesias (Cahiers du Cinéma España, España): 7 Gonzalo de Pedro (Cahiers du Cinéma España, Público, España): 8 Violeta Kovacsis (Lumiere, España): 7 Robert Koehler: (Variety, EE.UU.): 5 Jaime Pena (El Amante, Cahiers du Cinéma España, España): 7,5 Scott Foundas (Filmlinc, EE.UU): 5
No voy a Cannes pero aquí tienes mi predicción alla Nostradamus de mis puntuaciones como si estuviera allí. Las he obtenido mezclando intuición y arúspices:
6 : Mahamet-Saleh Haroun’s Un homme qui crie (A Screaming Man).
7 : Apichatpong Weerasethakul’s Loong Boonmee Raleuk Chaat (Uncle Boonmee Who Can Recall His Past Lives).
7 : LEE Chang-dong’s Poetry.
6 : Daniele Luchetti’s La nostra vita (Our Life).
5 : Xavier Beauvois’s Des hommes et des dieux (Of Gods and Men).
7 : Mike Leigh’s Another Year.
4 : Mathieu Amalric’s Tourneé (On Tour).
8 : Sergei Loznitsa’s My Joy.
5 : Ken Loach’s Route Irish.
4 : Alejandro González Iñárritu’s Biutiful.
5 : Rachid Bouchareb’s Hors la loi (Outside the Law).
6 : Takeshi KITANO’s Outrage.
6 : IM Sang-soo’s Housemaid.
4 : Kornel Mondruczo’s Tender Son – The Frankenstein Project.
5 : Bertrand Tavernier’s La Princesse de Montpensier (The Princess of Montpensier).
7 : WANG Xiaoshuai’s Chongqing Blues.
6 : Doug Liman’s Fair Game.
3 : Abbas Kiarostami’s Copie conforme (Certified Copy).
3 : Nikita Mikhalkov’s Burnt By the Sun 2 (Utomlyonnye solntsem 2).
Como algunos de vosotros ya sabéis este año no iré a Cannes, así que he recogido el testigo que nuestro colega Diego Lerer me ha pasado e intentaré repetir su brillante idea del año pasado en "Micropsia" desde mi casa en Valladolid, España (Diego este año no fallará a la cita). Para saber lo que cada uno de vosotros pensáis de las películas de Cannes (de cualquier sección, no importa incluso si son títulos del Mercado) me gustaría preguntaros las notas (0 a 10) de las películas que vayáis viendo cada día. Así que si no os importa os molestaré con peticiones de puntuación diarias mediante el correo electrónico. Si os sentís con ganas de participar no sólo yo sino muchos lectores estarán encantados. El resultado se irá publicando en el blog de "Letras de Cine" (http://letrasdecine.blogspot.com/) y Diego hará un espejo en "Micropsia" (http://micropsia.blogspot.com). El año pasado esta operación demostró ser muy útil no sólo para los lectores que pudieran estar interesados, sino también para los que vivimos en el interior del caos canino (Chaos reigns...), preguntándonos por las películas que nuestros colegas han amado u odiado (¡como sabéis, a veces pueden pasar varios días sin encontrarnos!). Así que si os apetece tomar parte en esta operación por favor, responded de antemano indicándome el medio para el que trabajáis este año. Muchas gracias por adelantado, y a disfrutar del circo!
"Voy en rarísimas ocasiones al teatro, pues tengo interés en conservar el perfecto equilibrio de mis nervios, y ese equilibrio se mantiene a la vista de las sandeces abazofiadas que se representan. En cambio voy bastante al cine, porque, como ya hemos quedado en que es un espectáculo inferior, las cosas buenas que veo en él me parecen superiorísimas".
"Amor se escribe sin hache, novela casi cosmopolita" (1928) Enrique Jardiel Poncela.
Ya casi resulta un tópico decir que The Wire es la mejor serie que se ha hecho para televisión en toda la historia y, sin duda, sus cinco temporadas destacan por ser un retrato complejo, ambicioso y legendario de los conflictos sociales de una pequeña ciudad llamada Baltimore, realizado con una perfección digna de cualquier tipo de elogio. La serie creada por David Simon, editada en España por el sello Warner Bros Enterteinment y cuya quinta y última temporada ha sido emitida en el canal TNT, aunque decirlo parezca obvio, realmente aprovecha el “ser” una serie. No rellena horas (o episodios con principio y fin en sí mismos) a base de acciones, diálogos o sorprendentes puntos de giro del guión, sino que utiliza su tiempo de una forma vital y holística. A diferencia de las películas que normalmente vemos, casi siempre con una duración media de noventa o cien minutos, la duración The Wire (60 horas aproximadamente) hace que esta serie tenga la capacidad -y la aproveche- para analizar adecuadamente la sociedad y los distintos grupos, clases o estamentos que la componen, algo que un sólo filme, por su metraje, sería incapaz de desarrollar adecuadamente. Esta serie policíaca, dada su singularidad, su potencia narrativa y su naturalismo, habría que entroncarla con la novela del siglo XIX, con aquellos escritores como Dickens, Zola o Balzac, capaces de recrear su propia época mediante voluminosos libros, que gracias a su magnitud, precisión y espacio, retrataban adecuadamente fenómenos sociales e individuales y su evolución en el tiempo. Al igual que en The Wire, en aquellas novelas el protagonista era la colectividad, la ciudad, pero no recreada con una actitud demiúrgica, sino microscópica.
Hay un verdadero afán por hacernos ver, por mostrar, en vez de concluir o simplemente narrar. The Wire habla de distintos mundos que están en uno solo: Baltimore. Los tejemanejes del puerto, la policía y sus estadísticas falseadas, la corrupción del ayuntamiento, las sucias campañas electorales, la violencia en las escuelas, la manipulación del periodismo y, sobre todo, el mundo de las drogas y de las calles, son los asuntos de The Wire. Un cine verdadera y exhaustivamente temático, con guiones que llevan detrás un trabajo de campo asombroso y una escritura naturalista y directa que nos adentra con rigurosidad en esos territorios.
Y es a través de lo pequeño, de detalles, como se logra dar una visión global. Esta es una de las lecciones que da The Wire. No partir de grandes asuntos sino llegar a ellos gracias a las cuestiones del día a día, de lo interno, de lo que no se ve. Pero lo más increíble de todo es que esto quede registrado en una serie de televisión. Ninguna otra había logrado algo así hasta este momento, esto es, hablar de su propia contemporaneidad con esa fuerza y precisión.
En la cuarta y quinta temporadas David Simon, para finalizar su gran obra, se adentra en dos territorios fundamentales de la sociedad. Los colegios y los periódicos, ámbitos que funcionan en relación con el resto de estamentos (Baltimore es una ciudad que surge del choque continuo entre administraciones, oficios, normativas, razas e individuos). La falta de dinero en el ayuntamiento, porque el anterior alcalde gastó indebidamente, afecta a las escuelas, sumidas en la violencia más absoluta, y en el periodismo triunfan aquellos que inventan las noticias para ganar un Pullizter, dejando de lado, para ello, de denunciar lo que sucede en las aulas. Todos los elementos están perfectamente interrelacionadas. La ciudad es un organismo vivo en el que nada es independiente, nada se mueve sin afectar a otra parte del cuerpo.
En estas temporadas también se ejemplifica a la perfección la idea de equilibrio, de no buscar héroes ni villanos absolutos. Lo épico se convierte en trágico en cuestión de segundos, como ocurre con la muerte de Omar, el más legendario de todos los personajes de la serie. Entretanto, el supuesto protagonista de la serie, el policía Mc Nulty, se sirve de trampas para simular la existencia de un asesino en serie mediante la falsificación de pruebas buscando con ello resolver otro caso parado por falta de fondos. Esta actitud convierte al supuesto héroe, no en un antihéroe, sino en un ciudadano que, frustrado por la política, entiende que la única manera de hacer justicia es cometiendo otra injusticia. Es un mundo complejo, donde las causas no nos llevan solo ante un efecto, sino ante multitud de ellos, que nos hacen descubrir nuevas causas y a su vez nuevos efectos. Pero, a pesar de todo esto, The Wire no muestra una visión oscura del mundo, sino una visión profundamente humana. The Wire es Baltimore, una serie que debería formar parte de los manuales de historia de la ciudad.
La revista Letras de cine, cuyos orígenes se remontan a 1998, fue una propuesta radical y única en su momento, cuando España era un páramo a nivel crítico (sobre todo para el cine de autor) y apenas había contactos con la crítica internacional, un trabajo único que luego llevó a cabo nuestro compañero Álvaro Arroba. Por nuestras páginas pasaron así críticos como Jonathan Rosenbaum y entrevistamos a figuras como Apichatpong Weerasethakul, Nobuhiro Suwa, Hou Hsiao-Hsien o Abbas Kiarosami. Sin embargo, tras diez años de publicación en papel, no fue posible continuar y apostamos por este humilde pero útil formato donde poder volcar nuestras impresiones, escrituras, provocaciones e imágenes de todo tipo. Un espacio más para la reflexión, la crítica, el desbarre y el cine. Un lugar para consagrar la inmediatez del discurso, la espontaneidad y el arrebato pero también para recuperar artículos publicados en otros medios o descatalogados de Letras de cine.