Volver a Gilead: juventud y disidencia en la serie «Los testamentos»
Hicieron falta treinta y cuatro años para que Margaret Atwood publicara la esperada continuación de «El cuento de la criada» (1985). Una novela que no solo es un clásico de la literatura distópica y del feminismo, sino que se convirtió en un verdadero fenómeno social gracias a su exitosa adaptación en serie. Se secuela se tituló «Los testamentos» (Salamandra, 2019), un libro con ciertos tintes de «thriller» que transcurre quince años después de los hechos de la novela original y donde se continúa narrando la oscura historia de la República puritana de Gilead. Contada a partir del testimonio de tres mujeres, entre ellas la malvada tía Lydia, la novela se centra en los intentos del grupo de la resistencia Mayday para acabar de una vez por todas con la misógina República. Una obra que también ha sido adaptada como serie para Disney+ y donde al fin se responden a muchas de las preguntas que quedaron abiertas en «El cuento de la criada».

Fotograma de la serie Los testamentos (Bruce Miller, 2026). En la imagen, desde la izquierda: Lucy Halliday como Daisy, Ann Dowd (de espaldas) como la tía Lydia y Chase Infiniti como Agnes. Crédito: cortesía de Hulu.
Quizá fue fruto de la casualidad, pero resulta llamativo que el año en el que Margaret Atwood comenzó a escribir El cuento de la criada fuese precisamente 1984, el mismo año que sirvió como título a la distopía más famosa de la literatura, escrita por George Orwell. Las similitudes con la novela de Atwood son además evidentes, ya que en el libro de Orwell la sociedad estaba controlada por el Gran Hermano, el gran ojo, quien vigilaba y controlaba a cada ciudadano, no existía libertad individual, y el país vivía en un estado de guerra eterna, lo que permitía tener sometida a la población gracias al miedo. En el caso de Gilead, la distopía afecta principalmente a las mujeres y sus cuerpos, una especie de biopolítica de estado. Pero aparte de la fecha, hay que tener otro detalle en cuenta: el lugar donde escribió Atwood su libro: Berlín, ciudad que en ese momento estaba dividida en dos partes, la occidental, donde ella residía, y la oriental, controlada por la República Federal de Alemania (RFA), país bajo la esfera de la Unión Soviética. Un muro infranqueable que dividía ambos mundos no solo física sino ideológicamente, de la misma forma que en El cuento de la criada Canadá y el Estado teocrático de Gilead están separados por fronteras que no está permitido cruzar.
A la escritora nacida en Ottawa, Canadá, le encantaba ya desde joven la literatura de ficción especulativa -utopías y distopías-, pero cuando tuvo la idea de El cuento de la criada, no quiso tan solo inventar otro posible mundo dominado por fuerzas totalitarias que subyugaran a la mujer, sino que se puso una norma que resulta clave en la novela y que provoca que sea tan perturbadora: incluir solo sucesos que hubieran ocurrido en algún momento de la historia. Que no hubiera ningún horror, ninguna técnica represiva, violación, pérdida de derechos, etcétera, que no se hubiera puesto antes en práctica, de forma que nada de lo que sucediera pudiera resultar inverosímil.
La novela, cuya acción transcurre tras un golpe militar que ha provocado que una parte de Estados Unidos se haya convertido en un estado independiente y teocrático en el que se han suprimido por completo las libertades de las mujeres, cuya única función será la procreación, se inspiró en el puritanismo del siglo XVII en Estados Unidos, pero también en el nazismo, que ideó su propia política biológica que forzaba a mujeres a crear niños arios; en el robo de niños en Argentina o en el sometimiento de la mujer bajo los regímenes islámicos. Lamentablemente, la historia está llena de ejemplos y no todos del pasado, porque El cuento de la criada, así como también Los testamentos, dialogan con el presente: funcionan como advertencias de lo que ya puede estar sucediendo.
Tras su publicación, la novela de Atwood ganó diversos premios: el Arthur C. Clarke y el Governor General. Después, la escritora Atwood continuó cosechando éxitos, caso de Alias Grace (1996) y El asesino ciego (2000) por el que recibió el premio Booker. Luego, en 2003 publicó Oryx y Crake, que daría inicio a una trilogía postapocalíptica de gran éxito. Su segundo premio Booker lo ganaría precisamente con Los testamentos, publicada en 2019, y en la que continúa expandiendo el universo de Gilead, cuya adaptación en serie durante seis temporadas (2017-2025), lo convertiría en un verdadero fenómeno social y símbolo de la nueva ola de feminismo. La identificación con la protagonista principal, Defred, interpretada por una impresionante Elisabeth Moss, una Criada en la serie, se convirtió en un referente de lucha del empoderamiento femenino, y fue habitual ver manifestaciones por todo el mundo con mujeres disfrazadas de Criadas con su manto rojo y su cofia blanca. De hecho, ha sido probablemente la serie con más influencia política en la historia.
Los testamentos fue por tanto una respuesta tanto al libro original como a la serie, que había ampliado el universo Gilead, una República férreamente dividida en distintas clases sociales: Comandantes, Guardianes, Ojos, Tías, Esposas, Criadas, Marthas, Perlas, etc, cada uno con su color correspondiente de ropa. Clases de las que no se puede escapar y donde todo gira en relación a la reproducción debido a un grave problema de fertilidad. Por ello, las Criadas, esclavas sexuales, son obligadas a tener relaciones sexuales forzadas por los Comandantes. Un orden además dictado supuestamente por la Biblia, texto que solo las Tías pueden leer, ya que todas las demás mujeres son analfabetas y se las educa en la ignorancia, base del control social. Cada ciudadana está constreñida y limitada a un solo uso, igual que objetos.
La historia del libro, que sucede quince años después de la novela original, deja prácticamente de lado al personaje de Defred -June Osbourne en la realidad-, y se cuenta en primera persona a través de tres testimonios, tres voces que representan lo viejo y lo nuevo: la tía Lydia -enemiga de Defred en El cuento de la criada-, jefa suprema de las Tías y directora de Casa Ardua, cuartel general de las Tías. Tía Lydia está escribiendo un diario a escondidas para un futuro lector en el que revela tanto su pasado como jueza divorciada, como su intento de derrocar a Gilead, un giro sorprendente para los seguidores del El cuento de la criada. La otra línea narrativa está protagonizada Agnes Jemima, cuya madre adoptiva acaba de morir y debe soportar el rechazo de nueva madre, la esposa del Comandante Kyle. Asiste a la escuela para jóvenes esposas pero logrará escapar de su destino -casarse- y se convertirá en Tía. Pero todo cambiará para ella cuando descubra que es hija de una Criada que huyó a Canadá y que además tiene una hermana. La tercera voz corresponde a Nicole (también conocida como Daisy), una adolescente que vive en Canadá hasta que sus padres mueren en un atentado provocado por agentes de Gilead. Descubre entonces que estos no eran realmente sus padres y que nació en Gilead. Esto hará que se involucre con el grupo de resistencia Mayday, al que pertenecían sus padres adoptivos, y se convertirá en una infiltrada en la República.
Las tres voces cuyos capítulos se alternan se conectarán gracias a las actividades del grupo Mayday y sus intentos por derrocar a la República. Todo ello da por tanto un aire de thriller a la novela, más dinámica y de más sencilla lectura que El cuento de la criada, una obra de gran calado literario cuyo estilo resulta más complejo y filosófico. Los testamentos en cierto modo parece más heredera de la serie que de la novela original, y principalmente aporta nueva información sobre Gilead. Describe a la perfección el mundo de las hijas de los Comandantes al tiempo que habla de las luchas de poder entre las Tías que viven en la llamada Casa Ardua, controlada por Tía Lydia y lugar donde se instruye a las Perlas, las misioneras que luego viajan a Canadá en busca de nuevas adeptas. También es donde se encuentra la biblioteca y se guardan los secretos del país, los Archivos Genealógicos de los Lazos de Sangre. Pero, sobre todo, para los amantes de la distopía creada por Atwood, Los testamentos resulta clave porque revela cómo acabará todo para Gilead.

Al igual que la novela, la serie, producida por Hulu y disponible en streaming vía Disney+ desde abril de 2026, deja de lado el mundo de las Criadas y se centra en las nuevas generaciones que asisten a la escuela dedicada a enseñar a las futuras esposas. Así, frente a la brutalidad y violencia que reinaba en la serie del El cuento de la criada (2017-2025), filmada con colores oscuros y rojos intensos, y siempre asfixiante, Los testamentos es una serie fotografiada con tonos más cálidos y pensada para un público más joven -tipo Los juegos del hambre-, que conecta con la vida de las adolescentes protagonistas. Aunque el cambio más radical, que ya estaba en cierto modo en la novela, tiene que ver con tía Lydia, cuyo carácter con los años parecer haberse sosegado puesto que ya no va por ahí torturando y mutilando a Criadas rebeldes.
Tal y como se puede apreciar en el primer episodio, en el que aparece una casa de muñecas, Los testamentos muestra este mundo ordenado y apartemente perfecto que es Gilead, con grandes casas, sirvientas, jardines y limpieza absoluta que arrasa con cualquier tipo de diferencia. Una sociedad artificial creada por los Comandantes para su propio placer. Los primeros episodios se centran así en mostrar los protocolos, reglas y rituales que rigen esa perfecta sociedad en la que las mujeres viven en la absoluta ignorancia, incluso del funcionamiento del sexo. Por momentos, parece una serie teenager, ya que a diferencia de la novela se deja de lado la voz de la tía Lydia y sus intentos de transformar radicalmente Gilead, tema que seguro aparecerá en siguientes temporadas. Otro cambio importante es que en la novela el personaje de Defred solo aparecía mencionada al final de la misma, mientras que en la serie su personaje tendrá más relevancia, aunque lejos de tener el protagonismo. En cierto modo, ahora hay una nueva Defred encarnada en el personaje de Nicole/Daisy, joven que acaba de llegar de Canadá y que forma parte del grupo Mayday, una infiltrada que se implicará emocionalmente en todo lo que sucede en Gilead, ayudando a sus compañeras a sobrevivir. Una joven rebelde cuyas acciones, especialmente en los últimos episodios, lograrán que la serie se agilice y sea más apasionante. Así, la casa de muñecas en la que se ha convertido Gilead, poco a poco irá viendo cómo sus paredes se agrietan y las jóvenes emprenden su lucha final contra el patriarcado.
(Publicado originalmente en Revista Lengua)


