Daniel V. Villamediana
viernes, febrero 17, 2017
La muerte de Stefan Zweig
Daniel V. Villamediana
domingo, enero 29, 2017
sábado, enero 28, 2017
True Lovecraft
viernes, enero 13, 2017
miércoles, septiembre 12, 2012
L'APOLLONIDE
martes, febrero 28, 2012
ANÁLISIS Y CONSULTORÍA DE GUIÓN
Se trata de tutorías on-line para guionistas noveles, profesionales o productores que deseen analizar, realizar un estudio exhaustivo o simplemente mejorar sus guiones cinematográficos.
Te ayudamos:
- A pensar, desarrollar o finalizar tu guión.
- A ofrecerte las técnicas y herramientas necesarias para ello.
- A contrastar tu trabajo con un profesional del medio para que analice “desde fuera” tu obra.
- A realizar un dossier completo de tu película (sinopsis, tratamiento, memoria y guión) para moverlo por productoras.
- A aprender a escribir un tratamiento literario para presentar a subvenciones de guión.
- A, si ya tienes un guión acabado, ayudarte a rescribir las versiones que sean necesarias.
Te ofrecemos:
- Un análisis exhaustivo de tu guión, tanto a nivel formal, como de contenido y viabilidad, a lo largo del tiempo que sea necesario. Nos comprometemos a ayudarte a acabar tu guión de cortometraje o largometraje, del género que sea, incluido cine de autor y documental.
- Para ello, no solo corregimos y analizamos, sino que proponemos soluciones creativas a tus dudas, ayudándote a rescribir -si lo solicitas-, o simplemente a indicarte nuevos posibilidades para tus historias o personajes.
Analizamos:
- Tu idea y te decimos cómo convertirla en un guión con un formato universal.
- Te orientamos acerca de las estructuras en cualquier tipo de género cinematográfico.
- Editamos y corregimos tu guión, sinopsis y tratamientos literarios.
- Resolvemos dudas acerca de la trama, subtrama, personajes, ritmo y diálogos de tu guión.
- Nos implicamos personalmente en tu trabajo, sirviéndote de guía para descubrirte aquello que has sabido o podido ver.
- Te ayudamos a superar tu bloqueo creativo o a decidir cual de tus historias es la más viable.
- Te orientamos sobre cómo y dónde empezar a mover tu guión.
Trabajamos:
- Vía mail. Una vez aceptado el contrato, comienza una relación diaria o semanal, con un tutor a tu disposición para tus dudas.
- Vía Skype. Previa cita, tu tutor quedará contigo para hablar on-line acerca de tu guión de forma exhaustiva y durante las sesiones que sea necesario.
- Vía presencial. Solo disponible para aquellos interesados que residan en Barcelona. Cada quince días, habría una reunión para analizar tus progresos.
Contacto:
- analisisyconsultoriadeguion@gmail.com
Tutor:
Daniel V. Villamediana
Director, guionista y productor. Miembro fundador de El toro azul producciones. Ha realizado y escrito dos largometrajes, "El brau blau" (El toro azul, 2008) y "La vida sublime" (2010). Ambos filmes han concursado en festivales como Locarno, San Sebastián, Bafici, Viennale o Gijón y ha sido estrenados en salas comerciales.
También ha trabajado como co-guionista de "La línea recta" (2006) y "Aita" (2010), Sección Oficial Festival San Sebastián 2010. Primer Premio Festival de cine de México 2010. Premio Especial del Jurado en el Festival de La Roche Sur-Yon. Estos dos guiones recibieron las ayudas del ICAA a desarrollo de guión.
Lleva más de siete años impartiendo en Barcelona clases de guión, realización y teoría del cine, y ha analizado cerca de 200 guiones.
Actualmente imparte clases de guión en La casa de cine y en Sitges Factory, un curso especializado en cine de terror.
jueves, noviembre 17, 2011
EL PLANETA AMANTE ("Melancolía" de Lars von Trier)
A lo largo de su filmografía, Lars von Trier ha buscado redefinirse continuamente como director, persiguiendo la originalidad como un fin en sí mismo. Pero estas ansias revolucionarias y provocadoras le han llevado también a una senda de artificiosidad de la que le ha sido difícil librarse (Anticristo, 2009). Esta preocupación por tratar de renovar el lenguaje cinematográfico y de imprimir la marca “von Trier” en cada nuevo filme, ha afectado creativamente a sus últimos trabajos, en los que además, su morbosa necesidad de maltratar a sus heroínas -la marca de la casa-, no le ha dado siempre sus mejores resultados. Por ello, una de las cosas que más sorprenden de Melancolía es el sosiego que respira, como si el director finalmente creyese finalmente en una historia y quisiera contarla junto a su heroína, no contra ella, como viene haciendo desde Breaking the Waves (1996), donde comenzó a utilizar la fórmula de tener como protagonista a una mujer que, ya sea inocente o culpable, suele acabar siendo agredida o asesinada. Sin embargo, en Melacholia, aunque también acabe con la muerte de la heroína, surge una extraña sensación de calma y al mismo tiempo de madurez artística.
La película de von Trier, de forma similar a Terence Malick en El árbol de la vida (2011), con quien coincidió en Sección Oficial del Festival de Cannes de este año y ahora en cartelera, introduce dentro de la narración un elemento cósmico que afecta directamente a la vida de sus personajes. Los dos trabajos, algo inhabitual en el cine de autor de los últimos años, ponen directamente en relación el universo y lo humano, aunque cada uno de forma total y agresivamente opuesta. El director de Europa (1991) parte de una historia en la que la chica protagonista (Kirsten Dunst) durante la celebración de su boda, se ve afectada por el influjo de un planeta que amenaza con hacer estallar la tierra. Un astro (humanizado) que está danzando alrededor de la tierra con pensamientos amorosos -hacia la protagonista- y apocalípticos al mismo tiempo. Malick, sin embargo, con su visión idílica y benigna del universo, totalmente fusionada a la idea kantiana de lo sublime, y también de lo trascendente, se opone radicalmente a la visión erótica y destructora de von Trier, más primitiva que la de Malick, bajo cuya idea del universo subyace la idea de armonía, expansión, belleza; en definitiva, de Orden. En Melancolía, el cosmos es amenazante, intrusivo, demasiado cercano, humano en cierto modo, como los dioses precristianos. La más bella de las criaturas, una mujer, atraerá el deseo de un planeta y para buscar la consumación, éste danzará como un animal en celo a su alrededor hasta finalmente alcanzar su objetivo. Von Trier logra verdaderamente algo extraordinario, que es fusionar lo más animal, como ese instinto que hace que los mamíferos se pavoneen, bailen, salten o muestren sus atributos, con lo cósmico. Lo instintivo mezclado con lo eterno. Un planeta convertido en un amante. Sin duda una de las más cautivadoras imágenes que se han visto hace tiempo. No hay idea de Dios, de trascendencia, de orden, de sentido. En Melancolía todo es deseo irracional, frente a la racionalidad y la lógica del universo malickiano. En von Trier, la pasión, y con ella la muerte, terminan siendo más poderosas que la vida.
Otro de los elementos más interesantes del último filme de von Trier es como la película evoluciona y rompe con las expectativas del espectador. Tras una obertura de cuadros que juegan con una estética pictórica surrealista y romántica, de imágenes alegóricas, estampas que nos anuncian lo que ha de suceder, nos hallamos con una película que tarda en encontrar su lugar. En cierto modo, comienza aparentemente de la peor de las maneras, con una estética que recuerda al movimiento Dogma, cine que él inauguró y clausuró con Los Idiotas (1998). Justine, la protagonista, acaba de casarse pero comienza a comportarse de forma extraña, rompiendo con los protocolos sociales, con lo que se espera de ella. La boda poco a poco se convertirá en un total fracaso, y ella, dejándose llevar por algo que no puede controlar, llegará a tener relaciones sexuales con un invitado en medio del jardín, bajo la mirada del planeta. Tras este primer acto en el que filme no difiere temática y estética de muchos otros, la película nos introduce brillantemente en otro “género” de cine, el apocalíptico. Comprendemos que ella se ha convertido en una “lunática”, en este caso en “melancólica”, por el influjo de la cercanía del planeta. Sus reacciones, aparentemente incomprensibles en un principio, cada vez se irán haciendo más lógicas, hasta que al final de la película será el único personaje cuerdo, capaz de afrontar con valentía su propia muerte y la de la humanidad. Los hombres (curiosa utilización por parte del von Trier del actor Kiefer Sutherland de la serie 24, icono de los valores tradicionales de la masculinidad: fuerza, decisión, valentía,) son los representantes de la cobardía. Se escabullen, se escapan o se suicidan, dejando solas a las mujeres. Justine se convertirá así en la auténtica heroína, capaz de mantener ese sosiego, esa calma que se producirá antes de la catástrofe.
Antes del fin, en una de las mejores escenas de la película, ella, Justine, atraída por el planeta, se desnudará en medio del campo exhibiendo su cuerpo y excitando la danza del amante, que culminará con la consumación del acto: la apocalipsis. Probablemente Melancolía sea la película que ha llevado más lejos el sentido último del verbo consumar, en su definición de llevar a cabo totalmente algo. Aquí se trata de la consumación total, de un romanticismo exacerbado que lleva a la extinción por el poder de la atracción. Dos cuerpos, uno celeste y otro humano, se funden y al mismo tiempo se destruyen.
Con Melancolía, von Trier ha creado una película extraña y poderosamente romántica. Un filme que nos lleva hacia una gran imagen final, casi de éxtasis, en la que cuerpo y materia estallan al unísono.
Daniel V. Villamediana
(Publicado originalmente en el Culturas de La Vanguardia)
viernes, noviembre 11, 2011
BAJO EL SIGNO DE LA CRUZ (El niño de la bicicleta)
Ninguno de los imitadores de los Dardenne son capaces de asir el secreto de su prosa epifánica, ni parecen entender que los hermanos son cineastas que, a través de sus obstinados personajes, practican un cine deportista con el fin de adelgazar de miserias a las instituciones (estado o familia) y de muscularlas responsablemente. Su oficio es su deber como ciudadanos. En El niño de la bicicleta, los hermanos se muestran más creyentes que nunca: primero en el Estado, aunque sea defectuoso, y después en la inminencia de una bondad cristiana en los corazones, siempre a punto de estallar de amor o de odio hasta conseguir un milagro que venían conjurando hace varias películas. Cuando el gobierno belga aprobó en 2000 la "Ley Rosetta" que protegía a los adolescentes de percibir menos del salario mínimo por su trabajo, los hermanos –henchidos de eficacia– decidieron, quizá sin saberlo, enmendarle la plana a los blockbusters de acción más imponentes de Hollywood. De hecho, la persecución en moto y a pie de El niño rivaliza con las mejores carreras de Tom Cruise (la presencia que mejor corre de todo el cine) en películas de Spielberg o de Brian DePalma.
Es cierto que pocos cineastas del viejo continente poseen una política de secuencias tan vertiginosa al tiempo que económica, y es que las películas de los hermanos Dardenne se recuerdan como tours de force grandiosos en los que hijos y padres lo dan todo físicamente. Llegados a este punto de depuración (rayana en la censura) de la psicología de los personajes, ¿qué esperamos de sus nuevas películas? Quizá las set-pieces más sofisticadas y virtuosas del momento. El compañero Antonio Santamarina tiene razón cuando recrimina a los críticos jóvenes su tendencia a recordar solo escenas y a prescindir del conjunto, pero es que muchos cineastas, al rodar, apoyan su tesis en grandes bloques de efecto.
Tampoco ningún wannabe dardeniano es capaz de fermentar el vino tinto cuya sangre vigoriza de pasión todas las fábulas de los cineastas belgas, y es que a estas alturas poca duda cabe de que, al compararlos, sus héroes funcionan como arquetipos evangélicos. Igual que en las Sagradas Escrituras la virtud aparece al desenlace de sus historias alrededor del crucifijo de Cristo, aunque bien elidido, eso sí, y también de un cristianismo importado de Bresson (rebajado de jansenismo, pero con mucho Marx) emboscado entre las derivas de sus erráticos personajes. A saber: como en el Golgota, Rosetta cae hasta tres veces en la subida a su autocaravana mientras porta la pesada bombona de butano con la que pretendía matarse; en El hijo, Olivier (carpintero, oficio de santos) carga con el asesino de su hijo hasta que conquista su perdón; en El niño de la bicicleta, el pequeño Cyril trata de conquistar inútilmente el corazón de su padre, extraño camino que recorre para llegar entender que su nueva madre, Samantha (Cécile de France) le ama. La película entera se vertebra para componer una escena final extraordinaria, acaso uno de los momentos extáticos de su obra. Cyril cae muerto de un árbol, suena el teléfono móvil en su bolsillo: es la llamada de su madre preocupada la que le despierta sin ningún énfasis, como un calambre existencial.
En Bélgica un niño ha muerto y resucitado por los pecados de sus hermanos Rosetta, Olivier, Bruno y Lorna. Un caso pletórico de intrusión intrafilmica, una bomba de racimo que reverdece y vivifica.
ÁLVARO ARROBA (Publicado originalmente en Cahiers du cinéma España)
jueves, mayo 26, 2011
EL CINE Y EL MÁS ALLÁ
El extraño caso de Angélica es la última película de Manoel de Oliveira, y aunque logre realizar varias más, lo seguirá siendo. Un guión que lleva cincuenta años esperando poder ser realizado, una historia de fantasmas basada en un hecho real (de joven, Oliveira, tuvo que fotografiar el cadáver de una bella difunta) y la cercanía de la muerte del director, componen una película sobre la muerte y la vida que hay tras ella; una alucinación en definitiva sobre un fotógrafo (un portugués sefardí) que se da cuenta de que tras los fotogramas hay otro mundo, un abismo desde el que nos miran y nos observan.
Si el cine es un arte sobre muertos que siguen en pie décadas después de haber dejado el mundo real, Oliveira añade la idea de que esos muertos, esos cuerpos embalsamados antiguamente por el celuloide y ahora por números digitales, tienen el poder de mirarnos y de guardar memoria de nosotros. Son dos mundos que se retroalimentan. El cine como una puerta que conecta hacia otra dimensión, que cuando se traspasa, deja mella, heridas, obsesiones. Es entonces cuando se deja de distinguir a los vivos de los muertos. Por ello, El extraño caso de Angélica es el filme más extraño de la filmografía del director portugués. Sus encuadres, los más perfectos realizados por un cineasta vivo, son únicos, irrepetibles, cárceles donde están encerrados sus personajes, cuya psicología se ha dejado de lado. Sus protagonistas viven ya en otro mundo que no conecta con la realidad, y las únicas voces que les atraen son las de los muertos o las del pasado (ese canto tradicional del grupo de labradores). El fotógrafo es alguien que ya está perdido. Su primera aparición en el filme es cuando busca en la radio sonidos de otros mundos que sintoniza en busca de una señal, que finalmente encontrará en el acto de mirar mediante una cámara. Más que un amor, encuentra una puerta hacia otra dimensión. Encontrar algo móvil dentro de lo inmóvil (una mirada viva en un cuerpo muerto), esa paradoja, es la que lo llevará hacia la revelación: las cosas no son como las vemos con los ojos, si no como las percibimos con los ojos del espíritu, que no sabe de fronteras.
Cuando al final de la película el fotógrafo muere, deja de lado su cuerpo, que cae como un saco de tierra al suelo, y camina sin vacilar hacia ella. ¿Pero quién es ella? Solo sonríe, y esa sonrisa, por instantes inquietante, nos hace pensar en “la muerte” camuflada en el rostro de una bella mujer. Una mujer dulce, una muerte bella, pero en realidad, esa “ella”, más que una mujer concreta, es simplemente la obsesión que hace que el protagonista camine hacia el abismo. Y cuando uno se introduce en el abismo solo hay dos salidas: o la extinción o el descubrimiento. Cuando se produce esto último, como sucede en la película, el arte de embalsamar muertos, el cinematógrafo, se revela como un camino espiritual que nos permite ver lo invisible dentro de lo visible. Un arte, que, a fuerza de mirar, permite comunicarnos con el mundo de lo intangible, donde creaciones, personajes, muertos, pasado, cine, se confunden, y como si se tratara de un relato lovecraftniano, ese umbral que ha comunicado dos dimensiones, permite que nosotros les veamos y que ellos nos miren, nos reconozcan y, finalmente, nos llamen por nuestro verdadero nombre.
DANIEL V. VILLAMEDIANA
(Artículo originalmente publicado en el Culturas de La Vanguardia)
viernes, abril 08, 2011
CAMEO EDITA LA VIDA SUBLIME + EL BRAU BLAU (EL TORO AZUL)
CAMEO edita el DVD de La vida sublime dentro de la colección Cahiers du cinéma. Como extra, aparece por primera vez editado El brau blau (El toro azul). Ambas películas están dirigidas por Daniel V. Villamediana y han sido producidas por El toro azul producciones, aunque El brau blau contó con la co-producción de Eddie Saeta.Saldrán a la venta el próximo 20 de abril.
Mas información en: http://www.cameo.es/proximamente/la-vida-sublime-coleccion-cahiers-du-cinema
miércoles, abril 06, 2011
MISTERIOS DE LISBOA
Misterios de Lisboa es un ejemplo de folletín llevado a la categoría de arte. Su director, Raul Ruiz, con más de cien películas en su haber, parte de una forma literaria muy popular en el siglo XIX para transformarla en una obra cinematográfica verdaderamente compleja que no deja de lado su origen folletinesco ni al público para el que estaba concebida. Un público ansioso por conocer las venturas y desventuras del protagonista, quien, a través de sus peripecias o más bien desgracias, llevaba a sus lectores a otros personajes, mundos y tiempos. Basado en los libros del escritor portugués Camilo Castelo Branco, Misterios de Lisboa es aparentemente una obra lineal con un protagonista claro, Joao, un adolescente que vive en un orfanato bajo la tutela del Padre Dinis, y que no conoce a su padre ni a su madre pero al que poco a poco le irán revelando nuevos datos sobre su vida. Sin embargo, a pesar de esta premisa, según avanza la película, el espectador se irá olvidando del protagonista inicial del relato y el argumento derivará hacia las vicisitudes de la vida de su tutor, que pronto nos llevará hacia otros personajes. Se perderán las conexiones. La trama se dispersa, y, al igual que si estuviéramos perdidos en el interior de las “Mil y unas noches”, un misterio nos llevará a otro, dejando atrás así el origen de la historia que dio pie a otras decenas de pequeños relatos que cruzan el encuadre. La estructura del relato se descompone en una red de telaraña, donde todo está conectado por misteriosas circunstancias, y donde nadie es lo que parece. Todos tienen varios nombres y varias vidas. Todos se ocultan bajo la máscara de su personaje, porque no son más que eso, personajes que juegan distintos roles. Y aquí es donde cobra su sentido esa imagen del joven Joao, luego Pedro, siempre mirando a través de su teatro de cartón, igual que el pequeño Alexander en la película de Ingmar Bergman Fanny y Alexander (1982). El teatrillo sirve tanto para estructurar el relato como para sustituir imágenes reales por decorados, muchos de ellos de batallas o momentos históricos, que puntúan la historia. Pequeños escenarios que principalmente nos remiten a la idea de que la vida de Joao es un juego que él no puede controlar. De este modo, hasta el final de la película, siempre le veremos desconcertado, atónito, y carente de capacidad de reacción ante los acontecimientos, luchando contra las paredes de su escenario. Su madre le regaló ese teatro cuando estaba enfermo como si así ya le indicara que en su vida solo iba a ser una pieza de cartón incapaz de moverse por si sola, y Ruiz se sirve de él para mostrar el control sobre sus criaturas, siempre vistas desde lejos, como objetos que no tienen una verdadera psicología. Quizá podríamos hablar más en esta película de una psicología de los espacios que de una psicología de los personajes, en cierto modo opacos, lejanos, literarios. Son cáscaras, muñecos, que se mueven de un lugar a otro, dejando huecos a su paso. Las historias en esta obra realmente no se cierran, solo se mueven. Los puntos suspensivos son constantes. Finalmente lo únicos que parecen entender algo de lo que sucede, los únicos personajes estáticos y que escuchan, son los criados, siempre presentes en el fondo del plano, verdaderos protagonistas del encuadre. Ellos, las clases populares que también leían folletines, son quienes verdaderamente comprenden ese mundo, frente a la ceguera de los nobles. Ellos conocen todos los misterios y sus figuras, a veces inquietantes, aparecen estáticas, como esculturas, en la mayor parte de los planos. Es como un público desparramado y disperso por los planos de las películas. Una red de criados es la que finalmente posee las piezas que el espectador trata de componer en su cabeza, que sigue atento a un relato que se le escapa pero en el que se le proponen juegos, rimas, gestos perdidos que luego son retomados horas después.
Para crear esta magna obra, concebida tanto para una serie de seis horas como para su estreno en cine con una duración de cuatro horas y media, Raúl Ruiz se sirve de una forma extremadamente sofisticada que, al igual que Ophuls, se basa en planos que siempre están en movimiento. Los travellings van y vienen constantemente dentro del plano, unas veces siguiendo el movimiento de los propios personajes y otras de forma independiente, haciendo su propia descripción del espacio, porque esta película es buena parte un filme sobre el espacio en el que habitan sus protagonistas. El tamaño del encuadre, casi planos generales de interior, otorga a este espacio una función narradora y como decíamos antes, psicológica, realmente original. La cámara casi acuna a las figuras que llenan el cuadro con su movimiento y, por otro lado, retrata las pasiones interiores que perturban a los personajes. Los travellings dan la sensación de mecer a las criaturas del relato, como si todo fuese un gran barco/escenario que va a la deriva, perdido, es un gran mar, en un abismo que nos separa de la realidad. Pero quizá lo más bello que tenga esta película es su lado inagotable. Su riqueza visual y su compleja estructura, hacen que Misterios de Lisboa sea uno de esos filmes en los que es posible perderse y quizá, hasta cobijarse.
DANIEL V. VILLAMEDIANA
(Originalmente publicado en el Culturas de La Vanguardia)

















